
Café con la ciudad despierta
Bajar a por un café y una tostada con aceite mientras las calles todavía huelen a limpio. La Plaza de la Merced y los cafés de Calle Granada quedan en la puerta de casa.
Empieza despacio. Málaga no tiene prisa.
Nuestra guía para disfrutar la ciudad caminando, sin listas interminables y con tiempo para sentarse al sol.

Bajar a por un café y una tostada con aceite mientras las calles todavía huelen a limpio. La Plaza de la Merced y los cafés de Calle Granada quedan en la puerta de casa.
Empieza despacio. Málaga no tiene prisa.

El Museo Picasso, el Thyssen y la Alcazaba quedan a paseo corto. Entre uno y otro, déjate perder por las callejuelas del centro: es donde la ciudad se cuenta de verdad.
El plan perfecto no se planea.

Una terraza, un espeto, un vino dulce de la tierra. Y el lujo silencioso de volver a casa dando un paseo, sin taxis ni horarios.
La mejor sobremesa es la que no mira el reloj.

El mercado de Atarazanas por la mañana, las tabernas de toda la vida a mediodía y la nueva cocina malagueña por la noche.
Pregúntanos dónde comemos nosotros.

Picasso nació a cinco minutos de tu cama. El Teatro Romano, el CAC y más de treinta museos hacen del centro un paseo entre siglos.
Del siglo I al arte contemporáneo, andando.

La Malagueta queda a un cuarto de hora a pie, atravesando el puerto y Muelle Uno. Un baño antes de comer es un plan de día normal.
Toalla, libro y poco más.

La Calle Larios para lo clásico y las bocacalles para lo local: cerámica, moda de autor y tiendas de barrio con encanto.
Lo mejor se encuentra sin buscarlo.
Elige la casa que mejor encaje con tu viaje. Málaga empieza al cruzar la puerta.